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Globalización y Globalismo: Dos mundos opuestos


Si bien ambos conceptos comparten una misma raíz fonética, se refieren a nociones diametralmente opuestas


Diversas voces -curiosamente ubicadas en las antípodas ideológicas-  parecen esforzarse para hacernos creer que Globalización y Globalismo son lo mismo. Sin embargo, ambos entes son diametralmente opuestos, casi antagónicos, y no guardan ninguna relación entre ellos aparte de cierta similitud fonética. Globalización es un concepto que nace a partir de lo económico, mientras que la génesis del globalismo es política. Mientras uno beneficia a la Economía, el otro la perjudica. 


Durante las últimas décadas, y con el ascenso de populismos extremos en América Latina como así también de los sentimientos nacionalistas contrarios a la inmigración, diversos constructos y protagonistas han apuntado a la globalización como fuente de sus males y frustraciones. Incluso han ido más allá, tendiendo a vincularla en forma directa y maliciosa con el globalismo. 


Es así como se torna vital hacer un paréntesis y establecer con claridad las diferencias entre ambos conceptos. 


La Globalización genera intercambios


Si bien suele decirse que la globalización es un concepto eminentemente económico, en estricto rigor va mucho más allá que eso: la globalización es un proceso comercial, tecnológico, cultural, político y social. Técnicamente significa “división del trabajo a nivel mundial”, pues permite la formación de una verdadera red entre los distintos países del mundo para así unir a los diversos mercados nacionales. 


La globalización ha logrado traer consigo una serie de transformaciones comerciales y políticas -y también beneficios- que permiten el libre intercambio de bienes, personas y servicios desde un país a otro, formando un mundo de carácter global. La globalización respeta la independencia de los diversos Estados, y va de la mano de un mundo liberal y altamente democratizado, como así también de una apertura económica que tiende hacia el libre mercado, y a las sanas corrientes migratorias entre sociedades diversas. 


Dicho de otro modo, la globalización permite un correcto intercambio económico, social y cultural entre países y personas. Hoy en día la especialización en el trabajo no sólo afecta a los individuos, sino que también a los países; y esa mancomunidad motora del orbe se logra gracias a la globalización. 


Ningún país del mundo es capaz de lograr adecuados estándares de vida a través de la autarquía, y es por eso que la globalización juega un rol crucial dentro de lo que es la Economía mundial. La globalización va de la mano con la Economía de Libre Mercado, y es a la vez uno de los sellos concretos del modelo contemporáneo en el cual vivimos. Ir en contra de la globalización es oponerse a las bases mismas que sostienen el mundo del siglo XXI. 


Algunos de los detractores de la globalización utilizan maliciosamente el argumento de relacionarla con el internacionalismo que utilizan ciertos populismos extremos, el cual pretende borrar la identidad nacional de los países. Ante esto, vale la pena contraponer que dicho internacionalismo nada tiene que ver con la globalización, debido a que ambos defienden modelos totalmente antagónicos: la globalización es pro libre mercado, mientras que el internacionalismo populista es anti libre mercado


Sin embargo, el mayor enemigo que ha adquirido la globalización durante el último tiempo no proviene ni de los think tank de ciertas corrientes políticas ni tampoco desde alguna ideología añeja y nostálgica. No, ese adversario está mucho más cerca, y ha demostrado ser bastante dañino: hablamos de la pandemia de coronavirus. En un reciente estudio dado a conocer por la Universidad de Harvard titulado ‘¿Desglobalización? Cadenas de valor globales en la era posterior al COVID-19’, se advierte que “el principal desafío para el futuro de la globalización es de naturaleza institucional y política más que tecnológica, aunque las nuevas tecnologías podrían agravar las tendencias de desigualdad que han creado la actual reacción política contra la globalización”.


A su vez, en este paper elaborado por el economista español Pol Antras -quien a la vez es docente de esta prestigiosa universidad norteamericana- se sostiene que “la actual crisis de salud puede oscurecer aún más el futuro de la globalización si agrava las tensiones políticas en los países”. Y para redondear su postulado, asevera: “No creo que la pandemia genere tendencias antiglobalizadoras per se, pero sí que está generando un aumento brutal en desigualdad, y es probable que eso cree más desaliento y más animadversión hacia la globalización”. 


Globalismo y la eterna búsqueda del Gobierno Mundial


Si Globalización es apertura, Globalismo es justamente lo contrario. El globalismo es un neologismo que apunta a acabar con el Estado-Nación como tal, y sustituirlo por un gobierno mundial. 


El Globalismo busca borrar la autonomía de la administración política de los países, y junto con ella también pretende destruir la identidad de cada uno de ellos. Efectivamente puede verse al globalismo como una amenaza mundial, aunque también vale la pena destacar que las voces contrarias a este globalismo abarcan casi todas las ideologías políticas existentes en la actualidad.


Por un lado tenemos a la globalización, que implica libre comercio y libre mercado, es decir un proceso que afecta y beneficia a todos los estamentos de la sociedad. En cambio, el globalismo es lo opuesto: parte de un acuerdo tácito entre políticos y burócratas, y sólo beneficia a políticos y burócratas (e incluso a ellos también puede perjudicarlos). En el mundo contemporáneo en el cual vivimos, existe un mundo de diferencias entre Globalismo y Globalización.

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